Ay, que sería de nosotros sin la ignorancia. Pasé por alto que no tenía ni idea y me lancé a crear una página web. Primera casualidad: fue una decisión voluntaria; segunda casualidad: no había voluntad institucional; tercera casualidad: no hubo marketing. Me gustaría sustituir la palabra casualidad por acierto, pero mentiría. Fue un acierto pero llegó por casualidad. Empezamos a jugar con el convencimiento de que no ibamos a romper nada, que no nos iban a exigir nada, que nos lo íbamos a pasar bien y que, a lo mejor, sacábamos algo aprovechable. ¿Habeís oido hablar de los procesos innovadores? Os acabo de describir uno.
- La soledad del navegante de cabotaje, por Fernando Juárez. Web Social para profesionales de la Información, Mayo 2008